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La dificultad que se plantea cuando se debe dejar el hogar, materializado en casa o departamento, que fue forjado con mucho sacrificio, es paralizante. Sobre todo, cuando nadie nos advirtió que acceder a ese sueño de la casa propia podría llegar a tener un final de pesadillas por causas obligadas o de fuerza mayor. Entonces, la desazón, la frustración y la impotencia pretende adueñarse de nosotros.

Dejar el espacio elegido para reducirnos a uno que es más forzado porque la realidad lo impone no genera precisamente sentimientos gratos. Esta situación, no nos es extraña a los argentinos. Es y fue vivida por muchísimas familias en nuestro país, debido a las interminables crisis económicas, la pérdida del empleo, la reducción de su salario y la caída de la dignidad laboral y social.

El afán de propiedad de “la casa” y el ascenso social que ello implica, heredado de nuestros ancestros inmigrantes , “tanos”, “gallegos”, “rusos”, etc., prendió fuerte en el sentimiento de valoración y progreso individual, haciendo aún más penosa la pérdida e hiriendo los sentimientos de autovaloración puestos en juego simbólicamente en ese espacio de propiedad adquirido.

No obstante, se pueden privilegiar algunas actitudes que pueden ayudar a transitar y superar este dificil y crucial momento:

Tomar conciencia de que sólo se trata de una circunstancia, indudablemente crítica, por la que se debe pasar, sin tratar de minimizarla ni permitir que absorba toda nuestra realidad.

No admitir que esta circunstancia se convierta en depresión o enfermedad. Comunicar el estado de ánimo y la angustia y el dolor que provoca la pérdida no deseada.

Ser creativos, tratar de ver en la dificultad, también una nueva posibilidad. Advertir la oportunidad de volver a empezar con el nuevo conocimiento que genera inesperadamente, también, la difícil situación por la que se atraviesa.

Apoyarnos y rodearnos de afectos, amigos y seres queridos.

Tratar de rescatar la solidaridad que en mayor o menor grado se nos trata de acercar.

No renunciar a la esperanza. Intentar comprender la dinámica de la vida. Aprender a tolerar todo aquello que nos frustra para poder seguir adelante, sin quedarnos paralizados y desde ese lugar crecer es el inicio de la respuesta.

© ReporteInmobiliario.com, Noviembre 2003.

Nota: Escribe: Lic. Liliana Cuniglio

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